DELCY RODRÍGUEZ, EL NUEVO ROSTRO DEL RÉGIMEN CHAVISTA

Por Carlos Galvis.Febrero 3, 2026

Tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, el régimen criminal venezolano ha entrado en una fase de “mutación” para intentar sobrevivir al colapso. Hoy, a un mes de ese evento histórico, Delcy Rodríguez se presenta con una fachada de “transición y reconciliación nacional” nunca antes vista en miembros de la dictadura. Sin embargo, esta nueva faceta no es más que un espejismo: todavía hay centenares de personas detenidas de forma arbitraria e injusta por razones políticas, sometidas a maltratos y aislamiento precario, donde sus familiares ni siquiera han podido comunicarse con ellos ni conocer su paradero.

Esta situación, crítica e INACEPTABLE, sigue demostrando las verdaderas intenciones del sistema y nos deja algo muy claro: el régimen ha perdido su rostro, Nicolás Maduro, pero el cuerpo y el cerebro represor siguen en pie. Es, posiblemente, una estructura más peligrosa que antes, producto de la paranoia generada tras la operación militar que llevó a la captura del tirano.

Para entender el peligro que representa, hay que mirar su historial. Delcy no es una figura técnica ni moderada; ha sido la arquitecta del encubrimiento internacional desde los tiempos de Hugo Chávez. Como Canciller y Vicepresidenta, su rol fue sistemático: mientras la Misión de Determinación de los Hechos de la ONU documentaba torturas y crímenes de lesa humanidad, ella usaba los foros internacionales para negar la crisis humanitaria, siendo copartícipe directa de la impunidad que ha desangrado a nuestra nación.

Hoy, Delcy se presenta como "presidenta interina", pero su gestión carece de toda legitimidad. Mientras los laboratorios de propaganda del régimen, como la encuestadora Hinterlaces, intentan vender una aprobación ficticia del 79%, la realidad en la calle y en los datos independientes es demoledora. Según el estudio más reciente de Gold Glove Consulting, reseñado por el Financial Times, el respaldo real al chavismo bajo el mando de Rodríguez apenas alcanza un 25% de intención de voto. Más grave aún para sus ambiciones políticas: el 66% de los venezolanos exige elecciones generales en menos de seis meses. El pueblo no la eligió; ella simplemente heredó el poder de un usurpador que robó la voluntad popular en 2024.

Junto a su hermano, Jorge Rodríguez —la mente maquiavélica detrás de las leyes que criminalizan la protesta y principal figura de la manipulación institucional—, ha consolidado un poder que representa la amenaza más peligrosa para nuestra democracia. No son políticos; son operadores de un modelo de desfalco multimillonario. Bajo su control de PDVSA y la economía, el país ha visto desaparecer miles de millones de dólares que debieron invertirse en hospitales y escuelas, razón por la cual ambos permanecen sancionados por la OFAC y la Unión Europea por socavar las instituciones democráticas.

Al día de hoy, 3 de febrero de 2026, la represión bajo el mando de Delcy no ha cesado. El uso del "decreto de conmoción exterior" para perseguir a quienes celebraron la caída de Maduro es la prueba definitiva de que la esencia del régimen sigue intacta. Como activista y ciudadano, mi mensaje es tajante: no hay chavismo sin Maduro que sea aceptable. La única transición válida es el desmantelamiento total de la red criminal de los Rodríguez y el retorno inmediato a la soberanía popular. Venezuela no quiere un nuevo rostro para la dictadura; Venezuela quiere libertad y democracia plena.

EL RÉGIMEN SIGUE AHÍ. LA LUCHA CONTINÚA.